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domingo, 22 de enero de 2012

Los “brancaleones” de Pinheirinho y la lucha por los sueños imposibles


Escrito por Wilson H. Silva   
Miércoles 18 de Enero de 2012 23:15
Hoy, 14 de enero, el periódico Folha de São Paulo (Brasil) imprimió, en más de un cuarto de su carátula, una foto mostrando a una tropa, por lo mínimo, inusitada, formada por algunas decenas de personas, “armadas” con pedazos de palo, vistiendo cascos de motocicleta y empuñando escudos claramente hechos de material reciclado.

Debajo de la foto, el editor de uno de los principales periódicos del país, acrecentó otras imágenes, detallando algunos de los objetos: polainas construidas con caño de PVC, escudos de barril de plástico, un escudo hecho de antena parabólica, una lanza con una corona de bicicleta y un cuchillo en punta. En la leyenda debajo de la foto, se explicaba la escena: el grupo estaba formado por “moradores de un área invadida desde el 2004, en São José dos Campos”, en “trajes de guerra”, para enfrentar una posible recuperación del terreno, por la policía.

Todos nosotros, comprometidos en la lucha contra toda forma de explotación y opresión, al contrario de que veamos invasores -o quedarnos aterrorizados, o viendo la historia como una “bizarría” (como, ciertamente, pretendían los editores de Folha)-, con certeza reconocemos a los valerosos luchadores de Pinheirinho y nos emocionamos y nos conmovemos con su disposición de lucha en defensa de lo más justos derechos a la vivienda.

Con todo, los más antiguos en la militancia revolucionaria, con certeza, también pusieron atención precisa para una comparación que Folha y otros órganos de los grandes medios hicieron entre la imagen y el personaje central de un film italiano, de 1966: El increíble ejército de Brancaleone, de Mario Monicelli.

“Branca, branca, branca... aquí están los soldados de León”

En el artículo de Folha, los reporteros Giba Bergamini y Jorge Araújo afirman que, como en el film italiano, que muestra a un “grupo de soldados harapientos, que se arma para defender sus tierras, todo es improvisado”.

Lo que ellos no dijeron, aunque, ciertamente, se hizo eco en la cabeza de mucha gente que militó entre el final de los años 70 y el inicio de los 80, es que el film, excepcional también, inspiró el grito de guerra de miles de activistas, principalmente jóvenes que, en la época, militaban influenciados por las ideas y posiciones políticas del líder de la Revolución Rusa, de 1917, León Trotsky.

En aquellos años en que, poco a poco, puñados de gente y movimientos fueron levantándose contra la monstruosa dictadura y el sistema que se había beneficiado con ella; donde hubiese una lucha, en cualquier asamblea o en las movilizaciones de los movimientos estudiantiles y sindicales, no era raro que, de la nada, irrumpiese, a pleno pulmón, al unísono, el aviso de que los “troscos” estaban en la zona: “Es Branca, Branca, Branca…León, León, León…aquí están los soldados de León”.   http://www.youtube.com/watch?v=hzdjLnjjQBk&feature=player_embedded 

La adopción, por los trotskistas, del grito de guerra, se daba porque la relación entre el antihéroe de Monicelli y el líder revolucionario era inevitable. Trotsky fue uno de los principales líderes de la primera ola revolucionaria en Rusia, aún en 1905; después, organizó y lideró el Ejército Rojo, que garantizó la victoria de la revolución. Y, como si eso no bastase, dedicó el resto de su vida a la lucha contra la burocratización y degeneración del Estado Obrero, bajo la batuta sanguinaria de Josef Stalin.

Asesinado por orden de Stalin, en 1940, en México, Trotsky dejó como su principal herencia la Cuarta Internacional, un partido internacional de la revolución, que desde entonces (por lo menos entre aquellos que, realmente, se mantuvieron fieles a las ideas del revolucionario ruso), de forma siempre minoritaria, pero incansablemente aguerrida y coherente, han dado continuidad a la lucha contra el capitalismo y los contrarrevolucionarios.

En el proceso de democratización en Brasil, al identificarse con el film, aquellos militantes no estaban haciendo nada más que incorporar (de forma genial) la esencia de la comedia satírica de Monicelli. Una esencia que, en gran medida, fue traducida por el periodista Paulo Moreira Leite, en una crónica que escribió para la revista Época, el 30 de noviembre del 2011, cuando Monicelli falleció, a los 95 años.

Como recuerda Moreira Leite, lo que hacía que los “soldados de León” se viesen como parte del increíble ejército de Brancaleone, era el hecho de que ellos se habían reconocido a sí mismos en aquellos harapientos que, en las palabras del periodista, “atraviesan ciudades destruidas por la peste, enfrentan el frio y el hambre, persiguen sueños y espejismos -pero siguen fieles a sí mismos y a su modo de vida, con aventuras y riesgo. No pierden el humor ni la capacidad de auto-ironía. Saben que, en algunas situaciones es más importante no desistir que vencer”.

Sacando la conclusión, la descripción no sólo caía (y siempre ha de caer) como un guante para los “troscos”, como también es la traducción fiel del pueblo de Pinheirinho y hoy, particularmente, de su aguerrido “batallón anti-choque”. Comenzando, inclusive, por el alto grado de ironía que tiene en los “uniformes” de los compañeros y compañeras. Pero, con una diferencia: en esta ocasión, en São José, también como en el film, es posible vencer.

Los “sueños imposibles” de brancaleones, quijotes...

En el film, Monicelli ataca al o sistema y a todas las instituciones del poder, vigentes en la época en que la historia se desarrolla (la Edad Media), a través de una ácida sátira, en la cual el anti héroe Brancaleone y sus hombres (una banda de pobres y marginados, recogidos por el camino) enfrentan la peste negra, la violencia del ejército sarraceno, las imposiciones de la Iglesia bizantina y los bárbaros, en defensa de un pedazo de tierra.

Exactamente por ser contraria a la propia lógica del sistema económico medieval (el feudalismo, basado en el monopolio de las tierras por la Iglesia y por los nobles), la lucha del ejército de Brancaleone es tomada como un sueño imposible, un delirio utópico, una fantasía alucinada, así como eran las acciones del protagonista del clásico de la literatura, en el cual el film fue asumido como inspiración: Don Quijote de La Mancha, escrito por Miguel de Cervantes Saavedra, entre 1605 y 1615.

Si el Quijote era un noble quebrado que, inspirado por la excesiva lectura de romances, parte en busca de aventuras en un mundo idealizado, Brancaleone es su versión más ácida, ya influenciada por los vientos libertarios y rebeldes que vagaban por el mundo en 1966 y, en breve, irían a popularizar el “sueño” de la juventud: “Sea realista, exija lo imposible”.

Brancaleone es un pobre, ultra confundido que, marginalizado por la sociedad, vive de pequeños expedientes que, al fin de cuentas, sólo afectan a las instituciones y a la moral de la época. El hecho es que su sueño y el de aquellos que lo acompañan (tener un pedazo de tierra), es señalado como imposible. Tal cual el de Don Quijote y el título de una bellísima música de Chico Buarque, hecha para un musical escrito con Ruy Guerra, en 1972, en el auge de la dictadura y de la persecución política en Brasil, cuando muchos soñaban con la “imposible” libertad.

Versión de un musical norteamericano, también inspirado en la obra de Cervantes, Sueño Imposible tiene una de las más bellas e inspiradas de las letras de Chico, desde sus cortantes versos de apertura: “Soñar / pero, un sueño imposible / Luchar / Cuando es fácil ceder / Vencer al enemigo invencible / Negar cuando la regla es vender”. Una letra que también tiene en todo que ver con nuestros Brancaleones y Quijotes que hoy resisten en Pinheirinho.

Detrás de cada casco, detrás de cada clavo que fue colocado en la punta de un “maza” (rústica, pero eficiente), al lado de cada uno de los integrantes del “batallón anti-choque” de Pinheirinho, están los sueños de un ejército, cuya fuerza es gigantesca, a pesar de todos los pesares. Hombres y mujeres que, incluso en su día a día, son capaces de probar que hay como transformar lo imposible en realidad.

Gente que fue muy bien definida por el compañero que el reportaje de Folha identificó como “jefe de la tropa” y que, por razones obvias, se negó a dar su nombre: “Es un ejército de albañiles, metalúrgicos, ayudantes. Personas que despiertan a las 5 de la mañana para ir a trabajar y regresan a la casa”. Un verdadero, digno y heroico ejército de Brancaleone.

Un ejército que, al desafiar la lógica de la propiedad privada y ejercer su legítimo derecho de autodefensa, en relación a las acciones siempre violentas y criminales de las fuerzas de represión que están al servicio de esta lógica, está, incluso sin saber, entonando una de las partes más bonitas y significativas de la canción de Chico: “Es mi ley, es mi problema / cambiar ese mundo / Clavar la mirada / No me importa saber / Sí, es demasiado terrible / Cuantas guerras tendré que vencer / Por un poco de paz”.

Pero, no es sólo de esto de lo que se hacen eco la imagen y de las acciones creadas por los compañeros y compañeras de Pinheirinho. Hay en ellas, también, el recuerdo de las enseñanzas, muchas veces poéticas, de otro sujeto, sobre el cual mucha gente de Pinheirinho (pero no todos) ciertamente nunca escucharon hablar: Vladimir Lenin, otro “Quijote” que, a su manera, creía en los sueños.

“Sueños: crean en ellos”

En uno de sus más memorables escritos, Lenin nos recuerda: “Es necesario soñar, pero con la condición de creer en nuestro sueño, de observar con atención la vida real, de confrontar la observación con nuestro sueño, de realizar escrupulosamente nuestras fantasías. Sueños, crean en ellos”.

Y es, exactamente, esto lo que los moradores de Pinheirinho y su ejército están haciendo: transformando el sueño en realidad. Son heroicos y corajudos, harapientos que decidieron defenderse, ante la real posibilidad de ver sus sueños destruidos, sus casas derrumbadas, sus hijos e hijas, hermanas y hermanos, padres y madres y, por encima de todo, compañeras y compañeros, ser agredidos y apresados.

Sí, en el mundo de la ficción, la tropa anti-choque de Pinheirinho es, sí, heredera del increíble ejército de Brancaleone, en el mundo real, las Marías y Zezinhos, los de la Silva, los Souzas y los muchos anónimos que, hoy, forman el Comité de Defensa en São José dos Campos, deben estar, incluso, más orgullosos por haber conquistado el derecho de, para siempre, integrar la verdadera tropa de élite de la historia: el Ejército de los Luchadores.

La disposición de lucha, la garra, el coraje y la sed por justicia demostradas en la forma en cómo están defendiendo su comunidad, les da el derecho de figurar, entre tantos otros brancaleones que no huyeron de la situación, incluso cuando todos decían que el “sueño era imposible”.

“Harapientos” sin miedo, todos los esclavizados, explotados y oprimidos que ya se levantaron contra sus señores, patrones o torturadores. Negros, blancos, nordestinos y desterrados valientes, como los marineros de João Cándido,  que proscribieron los latigazos de los navíos. Mujeres guerreras, como Dandara, que organizó al ejército de Quilombo de los Palmares, o Luiza Mahin, que lideró la Revuelta de los Malés, en Salvador (capital de Bahia, Brasil).

Y, por último, distante de los motivos insinuados por los medios, los brancaleones de Pinheirinho también merecen ese apodo por haber conseguido reavivar y hacer vibrar en cada uno de nosotros, comprometidos con la lucha contra toda forma de explotación y opresión, una sensación de que la clase dominante (y sus muchos aliados, inclusive aquellos que hoy se encuentran en las esferas gubernamentales) jamás conseguirán entender o sentir.

Al crear su pequeño ejército, los habitantes de Pinheirinho nos hicieron recordar de aquello que algunos pueden llamar de quijotesco, pero que se vuelve real en cada acción como la que está en curso en São José dos Campos: la certeza de que vale la pena luchar; la creencia determinada de que no hay riesgo, peligro o amenaza que se pueda interponer entre los explotados y la conquista de todo a lo que tenemos derecho, la confianza inquebrantable que esta lucha siempre tendrá, al lado de cada uno de nosotros (o de aquellos que nos sucedan), gente con la disposición brancaleónica de los moradores de Pinheirinho.

Gente que, ahora, con certeza, no vacilará en alistarse en el batallón de Pinheirinho para impedir que sus derechos sean violados. ¡Hasta la victoria!

Fuente: www.pstu.org.br

Traducción: Laura Sánchez

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