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sábado, 21 de mayo de 2011

Esclavitud y explotación en Santiago del Estero

"Desde fines de abril y comienzos de mayo, mucha gente fue empleada para trabajos de desmonte.

Emplearon a 25 varones de Cardón Esquina (Figueroa) para ir a la hacienda "Las Corzuelas", ubicada aproximadamente a 30 km de Tintina. Junto con ellos, había otras 200 personas, todas empleadas con el mismo contratista, de apellido Guerrero, domiciliado en Nueva Esperanza. Los otros trabajadores y mujeres eran de Nueva Esperanza, Añatuya y Brea Pozo. Al parecer, el acuerdo fue por un tiempo prolongado de trabajo, puesto que algunos trabajadores llevaron a sus familias.

Como dato importante, hay mujeres, niños, adolescentes menores de 18 años, y dos bebés, dentro del grupo de 200 personas. Según dos trabajadores, había niños y adolescentes trabajando, por lo cual la responsabilidad penal recaería sobre el contratista Guerrero.

Aparentemente, los terrenos serían del presidente del Banco Francés, aproximadamente 7.000 hectáreas, y trabaja con varios contratistas, los cuales, a su vez, emplean a otros cientos de personas (este dato fue provisto por un testimonio, lo que deja en evidencia que no son solamente 200 personas, sino otros cientos).

Los trabajos se centraban en desmonte completo sobre una zona montuosa media, talando todo a su paso, incluidos quebrachos añosos, con la intención de sembrar trigo y soja. El contratista utilizó topadoras con gruesas cadenas para voltear los ejemplares más antiguos, hecho que está penado actualmente dentro de la vigente ley de bosques.


Hay que sumar el hecho de que los costos de alimentos y recursos materiales, traídos a la zona de trabajo a través del contratista desde Nueva Esperanza, son altísimos. Por ejemplo, una bolsa de harina que ronda los $ 40 o $ 50, en realidad los golondrinas debían pagar $ 100. Un hacha que cuesta $ 160, en el lugar de trabajo les cuesta $250.

Otras características muestran el estado insalubre de vida: el agua era provista en tachos, extraída de algún pozo antiguo, cuyo sabor es extremadamente salado. Sólo les entregaron un plástico negro para que hagan su "vivienda", es decir, un precario techo a dos aguas, en cuyo espacio deben construir varios "caspi catre" (catres de palo) para los integrantes de la familia, o membros de cuadrilla, dependiendo el caso. Según un testimonio, los primeros dos días no les dieron permiso para construir estos catres, porque debían comenzar el trabajo inmediatamente. Esto generó que todos sufrieran dos noches de intenso frío, durmiendo en el suelo, algunos con colchonetas y muchos otros sin nada.

Acordaron un pago de $ 400 para cada cuadrilla (compuesta en un caso particular por 4 personas, en otros casos por 10 personas), pero les pagaron sólo $ 200, en contra de los montos acordados por convenios vigentes de trabajo (alrededor de $ 97 por persona). El trabajo era por "dos manos", es decir, pasar dos veces por el mismo lugar. Como vieron que el trabajo "no rendía" (puesto que dos manos insumen un pago mayor) pidieron re-ver el pago, con lo cual el contratista negó rotundamente. Viendo que no podían arreglar el precio del trabajo, muchos decidieron retirarse, con lo cual el contratista les dijo que no lo hagan, puesto que el dinero iba a estar cerca del sábado 28 de mayo. En este momento del relato se ubica en lunes 9 de mayo, es decir, 19 días sin dinero para alimentarse, con niños y bebés, esposas. Muchas bocas para alimentar.

Este dato es importante, para entender un modo sutil de retención de todas las personas literalmente "atrapadas" en ese terreno, sin posibilidades de salir por cuenta propia, puesto que necesitan de transporte provisto por el contratista. Téngase en cuenta que dicho transporte era un camión (al menos se sabe de uno solo) con caja extensa, donde transportaron a hombres, mujeres, jóvenes y niños hacia el terreno en cuestión. La distancia de dicho terreno hasta la salida de la Ruta Provincial N° 5 es de 20 kilómetros, distancia difícil de atravesar con niños, equipajes, colchonetas y otros recursos de cada familia. La situación, literalmente, es de reducción a la servidumbre, y en el caso de esta obligada "estadía" sin posibilidades de salir, es estrictamente un trato escalvo.

Dos muchachos lograron escapar la noche del jueves 12 de mayo, caminando en medio del barro, dentro del monte y sin caminos a la vista. Tuvieron que hacerlo de este modo, porque de ser encontrados, podía haber represalias hacia ellos, sus cuadrillas o incluso sus familias. Lograron llegar a la localidad de Tintina el viernes 13 de mayo. Uno de ellos logró contactarse el jueves con su hermana, quien vive en Santiago Capital. Ella se dirigió a las instalaciones de la UATRE (Moreno y Saénz Peña, en Santiago Capital), para saber qué se podía hacer. Le dijeron que vuelva al día siguente. Y el viernes, obtuvo la misma respuesta: que vuelva el lunes.

Los dos muchachos lograron llegar a Santiago el lunes temprano, y se dirigieron a la Dirección de Trabajo. Les dijeron que pueden enviar inspectores, pero "no tenemos combustible" para las camionetas. Propusieron a los muchachos golondrinas que soliciten camionetas e inspectores en la menconada filial de UATRE.

Y los muchachos fueron a UATRE. Los atendió un hombre de nombre Isidro, hijo de un inspector de UATRE. Les dijo que vuelvan al día siguiente (es decir, martes 17 de mayo). Sospecharon que esto iba a darles tiempo a los gremialistas de UATRE para avisar al contratista (o algún contacto con éste) de que dos golondrinas estaban husmeando en cosas indebidas para los intereses del explotador.

Por último, recurrieron a la Gerencia de Empleo del Ministerio de Trabajo de la Nación, con sede en Santiago. Inmediatamente dieron la siguiente respuesta: organizar todos los recursos para hacer un viaje de inspección, en conjunto con inspectores de la AFIP.

El día martes llegaron a la hacienda "Las corzuelas" para inspeccionar la terrible situación descripta. Llegaron en dos camionetas hasta la entrada de la hacienda, cerrada por grandes candados. Dejaron las camionetas, y caminaron 12 kilómetros hasta llegar a las cercanías del terreno mencionado. 200 metros antes de llegar al campamento, fueron interceptados por una camioneta, y hombres armados con escopetas. Tuvieron que volverse, sin poder ingresar a la hacienda. Este hecho, sabemos, sucedió muchas veces en el verano de 2.011: inspectores de AFIP u otro organismo del estado, atacados por los terratenientes, contratistas o capataces en terrenos allanados con trabajadores rurales esclavizados.

Los mensajes de texto enviados el día miércoles 18 de mayo, desde los muchachos que quedaron "atrapados", dicen que el contratista les cortó el abastecimiento de alimentos (con sobreprecio, recordemos), y la provisión de agua (de un nivel medio de salinidad), con lo cual están desesperados y no saben de qué modo subsistir.

Desde la Gerencia de empleo informaon que se elevó una denuncia penal en el Juzgado Federal, para allanar el lugar con una orden del juez."

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